Edu Soto nos habla de “La Fuga Radioactiva”

Bienvenidas gentes llegadas desde cualquier lugar del pensamiento a Especies de Espacios.

—Yo soy testigo de Chernóbil…, el acontecimiento más importante del siglo XX, a pesar de las terribles guerras y revoluciones que marcan esta época. Han pasado veinte años de la catástrofe, pero hasta hoy me persigue la misma pregunta: ¿de qué dar testimonio, del pasado o del futuro? Es tan fácil deslizarse a la banalidad. A la banalidad del horror… Pero yo miro a Chernóbil como al inicio de una nueva historia; Chernóbil no solo significa conocimiento, sino también preconocimiento, porque el hombre se ha puesto en cuestión con su anterior concepción de sí mismo y del mundo. Cuando hablamos del pasado o del futuro, introducimos en estas palabras nuestra concepción del tiempo, pero Chernóbil es ante todo una catástrofe del tiempo. Los radionúclidos diseminados por nuestra Tierra vivirán cincuenta, cien, doscientos mil años. Y más. Desde el punto de vista de la vida humana, son eternos. Entonces, ¿qué somos capaces de entender? ¿Está dentro de nuestras capacidades alcanzar y reconocer un sentido en este horror del que seguimos ignorándolo casi todo?  (‘Voces de Chernobil’, de Svetlana Alexievich)

Esta semana hemos recibimos en nuestra revista sonora a varios Eduardo Soto, director de la La Fuga Radiactiva  y a Ángel Marzal jefe de prensa de este proyecto que el próximo día 23 de junio han convocado en Cuenca una dramafestación en la que “Cientos de personas huyen cargadas con maletas, cubiertos con plásticos, con impermeables, con paraguas. Los coches colapsan las principales salidas de Cuenca frente a los controles policiales, las familias tratan de mantenerse unidas…” en un acto cultural y activista que pretende convocar a cientos de personas de venidos desde cualquier punto del mundo. Un proyecto que cuenta con el apoyo de Greenpeace y Ecologistas en Acción, entre otras muchas organizaciones y colectivos ecologistas.

Una interesante e intensa entrevista de la que hemos extractado algunas cuestiones interesantes. Han pasado siete años desde que el Consejo de Ministros del exgobierno de Mariano Rajoy decidiese que había que construir un Almacén Temporal Centralizado (ATC) para los residuos nucleares de las centrales que hay en España, un total de seis centrales nucleares, a las que hay que sumar sus respectivos reactores, que juntan ocho en todo el país. Desde entonces la decisión ha tomado muchas curvas.

En 2012 la Asociación de Municipios en Áreas con Centrales nucleares (AMAC) exijió al gobierno la construcción del amacén en el área de sus propios municipios, pues la decisión del estado respondía a su construcción en Villar de Cañas (Cuenca), un pueblo sin tradición nuclear que lo había aceptado a cambio de una inversión estima en 700 millones de euro. Y eso a pesar de que los informes técnicos estimaban en mejor emplazamiento a Yebra (Guadalajara) y Ascó (Tarragona), ambos dentro del AMAC. En 2015 el secretario de Estado de Energía, Alberto Nadal, anunció muy contundente que el ATC de Cuenca estaría operativo en 2018, decisión a la que se oponía el gobierno autonómico de Emiliano García Page. Aunque el asunto fue llevado al Tribunal Superior de Castilla-La Mancha, el Tribunal Supremo finalmente tumbó los planes de García Page, que consistían en paralizar la construcción con una ampliación del Espacio Protegido Laguna del Hito que alcanzaba la zona prevista.

La capital conquense también se resiste al deseo de José Saiz, alcalde de Villar de Cañas, de traer al ATC. Un proyecto transmedia que trabaja por visibilizar el peligro que supone la construcción de este cementerio nuclear a pocos kilómetros de Cuenca.  Una iniciativa a la que se han unido trabajadores de todos los ámbitos, también pensionistas y estudiantes. Su lema es: “Desactiva la amenaza nuclear, activa la energía social”. Abogan por la defensa de un futuro limpio y sostenible para nuestra generación y las que vienen. Eduardo Soto, director de ‘La Fuga’, y su coordinador de prensa, Ángel Marzal, nos explican lo que implicaría para la ciudad conquense un auténtico desastre nuclear. Su proyecto pretende como mínimo informar a la gente del riesgo que correría Cuenca y apostar por las energías renovables que cada vez son más rentables, el camino hacia la transición energética, unas propuestas que asociaciones como Greenpeace o Ecologistas en Acción ya están presentando al gobierno.

Hablamos primero de radiactividad. Eduardo Soto nos dice muy contundente que la radiactividad es invisible, “una herida que se abre y que al mismo tiempo es un tatuaje imborrable. Y esto es muy extraño, para una sociedad que está acostumbrada a una destrucción visible el que, sin embargo, la radiactividad no permita visibilizarlo”. Ángel Marzal entiende que el peligro “no está en la calle ni en la conciencia”. El grupo que han formado ha llegado incluso a hacer encuestas por las calles conquenses: “No son conscientes, no saben dónde estaría el ATC, no saben si los residuos nucleares son más o menos radiactivos que el propio combustible nuclear, ¡ni cómo afecta ni durante cuánto tiempo afecta! El 95% de la gente a la que preguntaron no sabía nada. Lo que ellos denuncian es que no hay siquiera un debate donde unos se postulen a favor y otros en contra. Marzal se muestra pesimista en esto: “Ya no te presento esta información ni estando a favor ni en contra, simplemente lo hago para que la conozcas”.

Intereses cruzados

La iniciativa del ATC fue del gobierno anterior. Rajoy, al poco de llegar al gobierno, escogió un pueblo de los muchos que se ofrecieron para albergar su construcción. La actual ministra de Medio Ambiente, Teresa Ribera, está en la misma dirección que García Page, en la de parar el proyecto a toda costa. Ha prometido incluso el cierre de las centrales y del carbón a lo largo de 10 años, una propuesta que de momento parece demasiado ambiciosa, teniendo en cuenta los intereses de las empresas privadas, como Enresa. Hay muchos intereses cruzados. Eduardo Soto coincide con ello: “Creo que estaríamos hablando de una suma de 2400 millones de euros, hay muchísimos intereses, tanto de los propios transportistas como de las centrales”.

Pero, ¿España necesita la energía nuclear? Al fin y al cabo se trata de una energía “muy barata”, barata si no se contabilizan los gastos de los residuos nucleares. Eduardo Soto habla de una “fórmula maravillosa”, ya que esos supuestos gastos no los pagarían las centrales privadas, sino el Estado, con los impuestos que pagan los ciudadanos: “Los gastos son ad eternum, esos residuos que la gente cree que son cenizas inactivas, se trata de una materia muy cabreada —lo digo así porque es la única manera de visibilizarlo—, lo que se hace en una reacción atómica es provocar en los átomos una inestabilidad que a su vez se transmite al resto de los átomos; en ese momento se produce un calor, ese calor se aprovecha, pero llega un momento en que ya no se puede aprovechar, por lo que se mete en un bote y se lleva a un AT (un almacén temporal individualizado, dentro de la central), estamos hablando de 400º, una materia tan compleja que ya se convierte en inescrutable, solo saben que tienen que cerrarlo y mandarlo a un sitio, la decisión ha respondido a tirar el balón hacia delante”.

La Fuga entiende que solo hay tres soluciones. Ninguna de elllas es totalmente eficaz, ninguna resolvería el problema de los residuos nucleares. La primera pasaría por un almacén profundo, aunque de momento solo ha llegado a la teoría. Esta solución se plantea de momento la más efectiva. De momento solo hay un país que lo esté intentando, Finlandia, que lleva ya 30 años en ello, que aún podría tardar otros 100 años más hasta que lo termine. La siguiente solución es la que barajaba el anterior gobierno, la de un almacén temporal centralizado, al que todas las centrales nucleares llevarían sus residuos. Eduardo Soto está convencido de que el lugar elegido no es el mejor. De hecho, se trata de uno de los lugares más alejados de las centrales, con lo que el riesgo en el transporte aumenta. Los costes también serían mayores, ya que por cada camión se estima un importe de uno o dos millones de euros. La tercera solución es la más simple y la que hay de momento en España, el ATI, aunque existe un límite en las propias centrales para el almacenaje.

La solución del ATC no es la definitiva. El ATC de Cuenca se plantea de momento para no más de 60 años. Ángel Marzal se pregunta por el qué pasará después de su construcción, argumentando que la inestabilidad institucional y política implica una inseguridad: “Algo que está ocurriendo precamente ahora, lo hemos visto tan solo hace unos días, con la moción de censura”.

¿A qué respondería entonces la decisión de llevar el cementerio a Villar de Cañas? El sitio elegido no es precisamente el más adecuado. Eduardo Soto advierte que el terreno es arcilloso, lo que ya de por sí es un riesgo. Por eso está convencido de que la disposición del ATC responde más bien a criterios políticos, en vez los técnicos que tendrían que valorar.

Dramafestación

Con motivo de denuncia social, La Fuga ha preparado para el próximo 23 de junio una “dramafestación”, en la que “cientos de personas huyen cargadas con maletas, cubiertos con plásticos, con impermeables, con paraguas. Los coches colapsan las principales salidas de Cuenca frente a los controles policiales, las familias tratan de mantenerse unidas…”, un ensayo general de lo que sería una verdadera evacuación dramática en el supuesto de que se diese una lluvia radiactiva. Arranca a las 13:00 en el barrio del Castillo para continuar hasta la Plaza Mayor, se trata de una marcha simbólica dramatizada, por lo que la gente irá con mascarillas, con guantes, con chubasqueros; cualquier prenda que permita la protección del cuerpo frente a la lluvia.

Además, La Fuga ha estado estos días eligiendo actores para realizar un cortometraje en el que quiera puede participar. El corto se rodará también el 23 de junio, de 18:30 a 22:00, en el Recinto Ferial de Cuenca. Eduardo Soto lo dirigirá, y comenta que no quieren hacer ciencia ficción, “lo primero que ocurre es que hay un terremoto —y hemos tenido dos este año en esa zona, de 3,5 grados en la escala Richter— y a partir de ahí se puede volcar uno de los recipientes del residuo, a lo que se suma la humedad y las nubes que llevarán la lluvia radiactiva”. Después de eso, La Fuga tiene claro que continuará trabajando para detener la construcción del cementerio.

Este contenido se enmarca dentro de la revista Sonora #Espacies16 dedicada al tema Cuenca Futura. Otros contenidos de este número:

Deja un comentario