En torno a Francis Chapelet. Concierto de Uriel Valadeau en Frechilla

Era el 17 de julio de 1982, Francis Chapelet dio un concierto en este mismo lugar y en este mismo órgano antes de que comenzara la restauración del mismo que llevaría a cabo Daniel Birouste. Se conmemoraban veinticinco años desde que el joven Chapelet descubrió el órgano de la Colegiata de Covarrubias (Burgos) en 1957. Había comenzado una cruzada contra el tiempo y la ignorancia para salvar a muchos de estos instrumentos únicos del olvido y abandono en el que se encontraban. Treinta y un años después, vuelve Chapelet a Frechilla a escuchar un programa en torno a su obra como compositor a cargo del también francés Uriel Valadeau, discípulo aventajado del maestro en difícil arte de la improvisación con el órgano ibérico.

Uriel Valadeau durante el concierto

Instrumentos únicos con una personalidad propia y que reúnen en cada una de sus notas la historia de un tiempo y de un templo. El órgano toma el mando y es el público el que acude a él. El organista se coloca en las alturas como si fuera una especie de intermediario entre el Dios creador del sonido y los hombres y mujeres que lo reciben. El escuchante está de espalda al instrumento y apenas percibe el movimiento del organista, allá en las alturas, por alguna furtiva sombra entre las naves.

La sombra del organista

Uriel Valadeau, como su maestro, son diestros en dejar que el órgano se exprese. Dejar que cada estos órganos cobre vida a través de sus improvisaciones reflejo de un instrumento y un momento únicos.

Si todos y cada uno de los órganos ibéricos son especiales, los 14 juegos triples y 13 bajos; los 795 tubos labiales y los 204 de lengüería que deben expresarse en un solo teclado de octava corta, hacen que al estilo de los literatos del OuLiPo, el organista tenga que superar esta dificultad añadida para volar aún más alto.

Francis Chapelet junto con el presidente de la Asociación Tadeo Ortega

Una Iglesia de Santa María de Frechilla rebosante de público a la que acudieron aficionados al órgano de toda España y Francia, un programa único e irrepetible en el que cada pieza interpretada por Uriel Valadeau iba precedida de las palabras del propio Francis Chapelet y un concierto que clausuraba la edición del Festival de Órgano Ibérico de la Provincia de Palencia que este año han participado dieciséis localidades palentinas en un total de veintiún conciertos convertían a esta cita en imprescindible.

Momento de la improvisación final

El programa estaba compuesto por piezas casi escondidas y casi imposibles de escuchar en directo en torno a la obra de Francis Chapelet. Comenzó con juegos y laberintos armónicos para continuar con “Récit de Cornet et fugue grave”, una improvisación que el maestro realizó para la inauguración del órgano de San Vicente de Lisboa. Entre las piezas interpretadas hay que destacar el “Tiento de medio registro de triple” y “Jeux harmoniques”, piezas compuestas en homenaje al célebre organista barroco Francisco Correa de Araujo, el “Pequeño Concierto de Málaga”, una improvisación que Chapelet realizó en uno de los órganos de Málaga para Radio Clásica de Francia o la impresionante “Fantaisie de trompettes”, en la que se pudo disfrutar de toda la potencia del órgano de Frechilla.

Uriel Valadeau saludando al público al finalizar el concierto

No podía faltar la recreación del improvisado que Francis Chapelet realizó para este órgano en aquel mítico concierto de 1982 sobre la canción del siglo XV “Ay triste que vengo” que puso fin de una manera absolutamente brillante e intensa al programa oficial del concierto. Pero aún faltaba la guinda a este memorable concierto. En el mayor homenaje que Uriel Valadeau, actual conservador de la excepcional colección de instrumentos de la Fundación Chapelet, realizó una improvisación maravillosa en el órgano de Frechilla que dejó a todos los asistentes con la sensación de haber asistido a un concierto único que merecía ser contado.

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