Instrucciones para subir una escalera (conquense)

Este artículo se publicó originalmente en Las Noticias de Cuenca, el día 8 de octubre de 2019. Si quieres participar en próximos temas de la serie consulta CuadernosdeCuenca.com

Nadie habrá dejado de observar que la mitad de Cuenca son cuestas y la otra mitad escaleras. Suelos plegados a la manera de Cortázar para producir formas bellas y pintorescas capaces de elevarnos a una de las tres colinas o alguna las muchas cuestas que forman Cuenca. Las subidas al barrio del Castillo, de San Antón y de Tiradores son palabras mayores, sin ser imperiales, siempre fueron testigo de la historia real o plebeya, pero siempre historia.

Otras cuantas cuestas que como pequeños montículos convierten la ciudad en un sube y baja. El cerro de Santiago, el de Molina, la Fuente del Oro, los Moralejos, la cuesta de los Salesianos o la subida a los Institutos, cada uno con su cuesta y con sus muchas escaleras. Pues si la cuesta es una y se define por su anchura, su pendiente y su longitud, las escaleras son siempre plurales, diversas, angostas, imperiales, rectas, espirales, irregulares, de pie y medio, infinitas o impares, cualquier combinación es posible en esta sencillez de ángulo recto.

Escaleras que subimos de frente, pues como dijo el contador, hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. Escaleras que siempre estamos subiendo o bajando como inmersos en ese sin fin laberíntico inmortalizado por M. C. Escher y que los conquenses intuimos escondido tras los dibujos de Lorenzo Goñi.

Si Cortázar dejó explicadas las instrucciones de cómo subir una escalera correctamente, en Cuenca lo llevamos de serie. Brazos colgados, nunca colgantes. La cabeza que en vez de erguida mira al suelo desanimarse. Respiraciones jadeantes en lugar de lentas y regulares. Si el argentino universal hubiera pisado Cuenca, habría aprendido que los primeros peldaños no son los más difíciles.

Escaleras que fueron símbolo de civilización y cultura, lo son también de intransigencia y de muralla. Escalón que se convierte en límite inaccesible, aislante, injusto y excluyente. Una civilización que trata de desandar sus pasos y convertir las escaleras en rampas accesibles, porque para algo inventamos la rueda. Límites de los que sólo saldremos con un ligero golpe de ingenio y mucha empatía para que siempre haya trazada una alternativa.

*Este es un proyecto realizado por los estudiantes de segundo curso de Educación Primaria de la Facultad de Educación de Cuenca (UCLM) al que puede sumarse cualquier persona interesada. Fotos de este artículo han sido compartidas en Instagram con #EscalerasCC por María Mancho, María Cotillas, Alicia Molins, María Flores y Cuadernos de Cuenca. Composición de Marta Feiner.

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