Johnny B. Zero, buceo por el funk emocional

Fotografía de Sonia García

El pasado fin de semana, los valientes que combatían al frío asomaron en la cabeza por el pub Los Clásicos para resguardarse del frío a la espera de nuevos grupos a los que escuchar.

El sábado, el grupo valenciano Johnny B. Zero hizo su primera aparición en la ciudad conquense, trayendo bajo el brazo propuestas llenas de excentricidad e identidad, que ya introdujeron en Suicide Watermelon Stories, un doble disco reseñado por medios de comunicación de referencia como Carne Cruda o programas como «Todo empieza hoy» o «El sótano» de Radio 3.

El grupo, compuesto por Juanma Pastor, Pablo Pérez, Julio Fuertes y su reciente incorporción a la batería, Ben Wirjo, acercaron sonidos que si bien recordaban a esos músicos afroamericanos y parecían ir armados en un mismo lugar, tenían identidades propias, venidas desde esos orígenes de cada integrante de la banda, como el caso de Ben, desde Philadelphia. Johnny B. Zero fue la primera banda que escuchó en concierto cuando llegó.

Y es que esta nueva formación ha venido para quedarse, con músicos que verdaderamente tienen ese trasfondo y con un proyecto musical serio por delante, como vienen demostrando en esta gira, que se ha movido por toda España desde primeros de año y que les ha llevado a las capitales, pero también a espacios tan pequeños y vívidos como el corazón conquense.

Durante el concierto, aprovecharon los espacios entre los que nos hacían bailar para mostrarnos también su single «They have it, it’s why we don’t have it», que presentaron el pasado 13 de septiembre con vídeo incluido. Todo un viaje desde el futuro para matar a los músicos y a la forma de hacer música.

Porque da igual que se tengan referencias claras, si la magia está en transpasar todo ese umbral y convertir una canción de rock en un baile de reggaeton mezclado con notas de Bach.

Así, nadando entre los músicos de la Motown y ese blues rompedor electrónico, buceamos con ellos hasta esa parte emocional con la que creció Juanma, y entendemos que detrás de una verdadera influencia hay una forma de crecer con los músicos, y suficientes argumentos para pelear por música que valga la pena. Y así, desde las emociones y el corazón, desde los referentes hasta la propia vida, es como se cierra un concierto redondo.

Texto de Inés Villodre / Fotografías de Sonia García

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