Las Mesalles esculturadas o imaginadas

La exposición “El objeto Esculturado” se celebra(ó) en el antiguo Convento de la Merced desde el jueves 1 de marzo hasta hoy, domingo 15 de abril. Ampliada hasta el 29 de abril.

Imaginemos por un momento que los objetos esculturados de Montserrat Mesalles no fueran ni tan encontrados ni tan casuales como pueda parecer a primera vista. Imaginemos por un momento que todo es un juego de espejos en el que tratar de refugiarse y camuflarse tras el Arte. Imaginemos por un momento que en la exposición “Objetos Esculturados” hay dos autoras bien distintas que hemos de tratar de separar con un bisturí. Sigamos una pista concreta. Separar los objetos vividos de los ajenos. Los biográficos de los estéticos. Dos exposiciones contradictorias que convierten en una muestra amable e inquietante al mismo tiempo. Hipnótica y compleja. Objetos industriales anónimos o vividos.

Dos artistas separadas por una alfombra roja sobre el suelo. A un lado, una maleta en la que un cojín con un Jesucristo indígena e imberbe es el único equipaje, al otro un tocador postindustrial, en medio, la foto de la artista. Arte mestizo y trotamundos. Está todo bien explicado en las paredes y en el afiche. Nos hablan de Duchamp, del objeto encontrado, de ecología y reciclaje, de dramaturgias objetuales, de resurrecciones sostenibles o de readymade. Cruces de caminos entre Costa Rica, Europa o Arkansas. Montserrat Mesalles nos habla desde las paredes.

La artista se impone en la primera parte de la exposición. Un pequeño vídeo al final de la sala nos muestra a la propia Mesalles en una chatarrería eligiendo las piezas para sus obras. Restos industriales anónimos con los que le une únicamente la necesidad artística. Objetos encontrados que recoserá y reinterpretará para crear su obra. Arte desde el intelecto.

Al girar la vista, un corazón en la oscuridad se interpone en nuestro camino cuando intentamos cruzar a la segunda sala. Un montón de chatarra sin forma tirada por el suelo. Vamos recomponiendo el puzzle al iluminarse la sala. Un corazón, unos pies, un cuerpo, una gran cabeza coronada por una gran nariz. Un Pinocho reconstruido a partir de las piezas de un antiguo molino familiar. Ya no son hierros encontrados, estamos ante chatarra vivida. Los grandes carteles siguen usando grandes palabras como reciclaje, cambio climático, residuo, pero andamos ya buscando las pequeñas palabras. Empezamos a encontrar pequeños mensajes en las paredes que nos dan pistas de que hay alguien más exponiendo en esta sala.

Aquí empieza nuestra crónica imaginaria. Que la propia Montserrat Mesalles nos perdone. Encontramos pequeñas frases en la pared de la sala, al principio parecían los títulos de las piezas. Ahora sabemos que son pistas.

Volvemos al principio de la exposición con estas claves. Ya no queremos ver los objetos encontrados, andamos buscando los objetos vividos. Hay a quien le gusta deshacerse de los recuerdos, hay quien va llenando habitaciones con cajitas de recuerdos para no volver a verlos más y hay quien construye un cuaderno de viaje con las cosas que van formando su memoria.

Empezamos a pensar que estamos ante una exposición biográfica. “Todo empezó cuando nací”. Al otro lado de la alfombra roja, frente a la maleta, encontramos un tocador de señora. Un tocador construído de aceros y prisiones. Un espejo industrial que se deshace mientras se llena de reflejos rojos. Un coche infantil que se convierte en cohete para abandonar el hogar se esconde tras la imagen de la artista. “Dónde están mis pantalones”. Montserrat Mesalles estudió en Europa y en Estados Unidos, pero por alguna razón sus “obligaciones no le permitieron explorar de una manera formal en el campo de las artes visuales”, entonces empezó a “reciclar la vida en una lírica del residuo”. ¿Dónde están mis pantalones?, se pregunta la artista. Juguetes que forman parte de una infancia lejana. Un plancha que encierra una princesa en una jaula de cristal. “Por qué coño no he podido atrapar a un jodido ratón”.

En “El Objeto esculturado”, Montserrat Mesalles parece atrapar a ese jodido ratón. Aunque pronto caemos en la cuenta que unos Minion postindustriales siguen mirando a ese Pinocho infantil que yace muerto al otro lado de la sala. En el centro, una Marge Simpson, de acero impasible dice “Todo empezó cuando nací”. Mujer. Costarricense. Artista.

Una exposición que parece muy amable pero que se convierte en hipnótica y nostálgica. Dos exposiciones en una que merecen al menos dos visitas.

A modo de disculpa

No es nada ortodoxo publicar algo sobre una exposición el mismo día que cierra sus puertas. Es un ejercicio de estilo inútil. Adjetivar sin posibilidad de réplica. Nada más lejos de mi intención, más bien ha sido una cuestión de modestia. Han sido tantas y tan buenas críticas las que se han escrito de la exposición de Montserrat Mesalles XXX. Palabras de altos vuelos escritas por expertos en artes. Tres veces he visitado la exposición buscando lo que en estas magníficas críticas ya habían dicho. Me han servido de magnífica piedra Roseta para entender y disfrutar la obra de Montserrat Mesalles, pero además he creído ver otras cosas de las que me gustaría hablar con palabras con pie a tierra con la absoluta convicción de que estaré equivocado y con el deseo de ser contradicho por la propia artista. Ojalá. Las puertas están abiertas.

Puedes conocer más sobre esta exposición en la excelente colección de críticas y comentarios que ha publicado el blog M. Arte y Cultura Visual.

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