Confesiones subTerráneas en Urones de Castroponce

La compañía de teatro La Subterránea representó la obra “Maldito Otoño” en el Teatro Corral de Anuncia de Urones de Castroponce (Valladolid) el día 10 de agosto de 2018 dentro de la programación del XXII Festival de Teatro Alternativo “Campos de Bálsamo”. Puedes encontrar más información sobre la compañía en lasubterranea.es y sobre el festival en teatro-fetal.com.

Ando todavía con el desasosiego que me dejó La Subterránea en su actuación dentro del Festival del Teatro Alternativo de Urones de Castroponce.

Entre el existencialismo y el patetismo sólo hay un leve suspiro y en demasiadas ocasiones nos encontramos sobre el escenario a pseudointelectuales a los que, armados de filosofías mal leídas, les da por subir al escenario a descubrir la rueda. Todos estamos jodidos con el paso tiempo y con la muerte. Para saber que debemos encontrar una verdad que sea verdad para cada uno de nosotros no hace falta leer a Kierkegaard. Por eso se agradece tanto el montaje de La Subterránea.

No tratan de dar lecciones ni van hilvanando citas filosóficas sin parar. Juega con las referencias, las sufre, las llora o se ríe de ellas. Todo a la velocidad de la palabra. En lugar de subirse a la tarima para impartir lecciones, se suben a la mesa para tratar de alcanzarlas. Tras la fiesta llega la calma. Ya no hay personajes en el escenario, porque el vino hizo caer las caretas. El show ha terminado y ya son sólo seres humanos sin personaje sobre el escenario.

Podrían estar sentadas a nuestro lado. Cerca. Sentarnos a la misma mesa y opinar, participar, formar parte. Fuera ya se han apagado las luces y los músicos han recogido sus bártulos. Fuera Urones de Castroponce está en silencio. Dormido en un profundo sueño.

En la plaza (escenario) sólo quedan las últimas noctámbulas que se resisten a ir a dormir y están justo en ese momento en el que la mente parece iluminarse y lo ve todo muy claro. Un duermevela en el que todo parece hilarse de manera natural. El vino ha dejado de ser efervescente para ser clarividente. Pronto llegará el sueño o el sol a romper este momento mágico.

Queda poco para amanecer. Pronto la vid dejará de ser vida y se convertirá en un mar de hojas y sarmientos secos. El verano se acaba en el pueblo. El año que viene ya nada será igual. Quizá ni exista el año que viene. Aquí estamos en el patio de butacas apurando el último trago de este verano.

Sobre el escenario se abren las carnes de par en par las tres Europas hasta dejar ver el alma sin piel. Europas rojas que descarnan los versos de Jorge Manrique hasta dejarlos en los huesos. Europas que cabalgan sobre las mesas de los dioses. Europas que por momentos se creen dueñas y señoras de los mares que son donde van a parar las vidas. Europas como satélites. Europas viejas. Europas que bailaban. Europas que ya no bailan. Europas que envejecen. Europas de vides secas y almas confusas. Europa no tiene coño. Líbranos Señor de la Confusión. Europas que buscan un Dios que han perdido, un Dios que nos cuide y nos diga que todo va a salir bien. Sofisticado sea Su Nombre. Europa plural y desesperada.

Y el colorín colorado siempre llega.

Pero en Urones de Castroponce el teatro tiene prórroga y el colorín colorado no es un cuento acabado. Tras la resurrección de los aplausos Lucía Abellán, Ester Martínez y Lucía Sáez, todavía vestidas de colorín colorado veraniego bajan del escenario, se sientan frente al público y nos hablan del acto de confesión y valentía que acabamos de contemplar. Del proceso creativo en mitad de algún lugar como este en el que los coches dejan de oírse y de repente descubrimos todos los sonidos de la tierra.

Nadie quiere irse y volver a ese futuro de bótox. Mientras que avanza la conversación tratamos de asimilar la carga poética y simbólica de la obra, tratamos de reírnos, pensar que todo fue producto del vino (real) de Utiel-Requena y salimos del teatro tratando de poner en orden el nudo que llevamos en las tripas. Seguimos jodidos y lo seguiremos estando. Los seres humanos estamos condenados a ser conscientes del tiempo que pasa.

Al salir de nuevo a las calles de Urones creemos oír una lejana melodía. Parece venir del teatro. La función parece haber empezado de nuevo sin nosotros. Parece un pasodoble. Quizá sea Islas Canarias. Quizá Espérame en el Cielo. Amén.

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