Mujeres de África. Más allá de las guerras y el exotismo

Entrevista con Lidia Peralta, autora de la exposición de fotografía “África tiene nombre de mujer”


“Las mujeres machacan la mandioca, asan a la brasa bulbos de taro, cocinan algún plato, comercian con chicles, galletas y aspirinas, lavan y secan la ropa. Y todo ello a la vista de todos, como si rigiese una orden que obliga a los habitantes a abandonar sus casas a las ocho de la mañana y a permanecer en la calle.” (Ébano, 1998)
Era 1958 y un joven Kapuściński llegaba por primera vez a África sin saber aún que en Acra estaba abriendo una nueva ruta por la que muchos aprenderían a conocer y a amar estas tierras y estas gentes. Antes habían venido otros, pero nunca antes se habían acercado tanto como para necesitar que los rostros tengan nombre.
La periodista y documentalista Lidia Peralta quizá soñó de pequeña que la puerta de la Justicia era el principio del camino que le llevaría a África. Allí le esperarían las historias de aquellos que un día tuvieron que salir de sus tierras. Salieron del reino nazarí y dejaron que el Darro les condujera al mar. Cruzando el mar llegaron a un desierto. Del desierto a otro desierto. Del desierto a otro océano. Allí todavía se oyen los ecos de aquellas historias. De ese viaje nació ‘La Caravana del manuscrito andalusí’ (2007). Mary Kingsley recorrió África hace más de cien años buscando lo extraordinario. Era el momento de contar la vida cotidiana. Lo normal. Contar que los seres humanos somos seres humanos. En estas fotografías están retratadas.
Como en un cuaderno de recuerdos se despliegan sobre las paredes de la sala de exposiciones Ricardo Ortega de la Facultad de Periodismo las caras de sus mujeres de África. “Las mujeres machacan la mandioca, asan a la brasa bulbos de taro, cocinan algún plato, comercian con chicles, galletas y aspirinas, lavan y secan la ropa”. El día a día de las gentes. África tiene nombre de mujer y las mujeres de África tienen nombre.

¿Cómo nace la exposición “África tiene nombre de mujer”?
La exposición no es un trabajo independiente de haber ido una sola vez a visitar varios países africanos, sino más bien es numerosas ocasiones en las que he estado allí. Es fruto de una atracción por África desde que era pequeña. Recuerdo decir a mi madre en el salón de mi casa que quería ir a África. Considero que se debe a la serie ‘Raíces’. Me marcaron mucho esos personajes, esas narrativas de la esclavitud. Después de varios años, terminé estudiando la serie y a día de hoy la critico porque no atiende a realidades históricas. Pero lo cierto, es que siendo niña me impresionó muchísimo. De modo que en cuanto tuve oportunidad de moverme y comencé a viajar, África era como mi destino preferido. Más tarde llegaron comentarios típicos como: ‘¿África? ¿Por qué África? ¿Qué se te ha perdido allí?’. Pero cuando llegar a África y realizas viajes por la zona, te das cuenta de que tus experiencias son radicalmente distintas a ese tipo de prejuicios que llevas a cuestas. Vuelves cargada de nuevas impresiones, de aprendizaje de diferentes culturas, filosofías y modos de ver la vida, maneras de enfocar las cosas… Todo ello te hace salir de tu zona de confort y de pensar que Europa es el ombligo del mundo. La exposición no obedece a una intención de voy a hacer una exposición de mujeres, sino que es un cúmulo de experiencias, de viajes, de países y de años. Hace ya veinticinco años que viajo por el continente africano.

Hay gente que va a África diez días con todo programado, y a la vuelta parece conocer ya todo el continente.
Me dan muchísima rabia ese tipo de cosas. Además, he constatado que los propios turistas cuando vuelven de los viajes se convierten así mismos en los propios héroes, contando sus experiencias y hablando de los robos, de las enfermedades, del miedo, del peligro… ¿Para qué hacen eso? Para generar una heroicidad propia del viaje, cuando yo lo que reivindico es lo contrario. Reivindico la normalidad en la vida diaria de estas personas. Después de haber realizado tantos viajes a África con lo que te quedas es con eso, con situaciones cotidianas que son universales, que las encuentras en cualquier parte del mundo. Todas las personas desean lo mismo: su felicidad, la de sus hijos, que sean buenas personas, la salud… Por ello con esta obra intento romper estereotipos y reivindicar la normalidad.

A veces parece que sólo interesa África como naturaleza salvaje y cómo territorio en guerra.
No hay que caer en la polarización. África es un continente de cincuenta y cinco países con mil millones de habitantes (en España somos tan solo cuarenta y cinco millones). En un volumen tan inmenso de países y millones de habitantes, esto representa un hecho muy minoritario en el devenir cotidiano de las personas. Al final todo se acaba desvirtuando cuanto más lejos se esté de lo local. Los titulares de África son y siguen estando muy polarizados. Me alegra que haya medios, como en RNE ‘África hoy’, el Blog de Lola Huete ‘África no es un continente’ o Festivales de Cine como el ‘Festival de Cine africano de Tarifa’, que estén contribuyendo a generar otra imagen más positiva y normalizada. Pero África hasta ahora ha sido guerra, hambrunas, corrupción, el titular al fin y al cabo. Nuestra responsabilidad como comunicadores es alejarnos de los titulares para rescatar la normalidad. Hablamos del mayor genocidio del mundo y pensamos en los nazis, pero allí hubo cuatrocientos millones de esclavos comercializados. Lo que se ha hecho con África es un auténtico homicidio a todos los niveles.

¿Cuál de todas las facetas que ofrece África consideras que es la que más te apasiona, la que más influencia a tu fotografía?
Voy a ahondar en el pasado y me voy a centrar en un documental que hice sobre los manuscritos andalusíes, llamado ‘La caravana de los manuscritos andalusíes’. El protagonista principal es Ismael, propietario de la biblioteca andalusí de Tombuctú y el documental relata la ruta desde Toledo hasta Tombuctú y va buscando los manuscritos que se produjeron en la Hispania islámica. Ese documental me abrió toda la visión que hoy en día tengo del continente africano, porque me hizo comprender que en los siglos XII y XIII, cuando París y Londres eran auténticas podredumbres, en Mali estaba la universidad más prestigiosa de África. Cada familia tenía manuscritos en sus casas y había una cultura extraordinaria. Me dio muchísimo que pensar sobre qué representa África y por qué no ha podido llegar más a nuestra vista. A raíz de esta ruptura con los estereotipos a través del documental, empecé a ver a mujeres taxista, médico, bombero, modelo. Esa parte de África me atraer muchísimo. Además, es un continente que te desborda con tantas culturas diferentes. Luego regresas a Europa y observas que todos somos muy iguales entre sí. Para mí África es belleza, es todo lo que veo cada vez que la piso.

Hablando de belleza, Mali, por ejemplo, es el país musicalmente hablando, más rico del mundo. ¿Cuál es el papel de la mujer en este ámbito?
Es cierto, pero no me decantaría a decir que lo que más caracteriza a Mali es su música. África siempre se ha expresado con música y creo que la riqueza musical pertenece a cualquier esquina de su continente. África es música. La mujer africana que acaba en el mundo de la música, sobre todo la música tradicional, no solo tiene un rol musical de cara a la sociedad, es más que eso. Son iconos de religiosidad, son herederas de las personas que siempre estaban al lado de la nobleza y que iban contando lo que iba pasando en las cortes africanas. El equivalente en la actualidad serían las trovadoras, mujeres con una gran capacidad expresiva y creativa que improvisan letras.

¿Cómo es acercarse a ellos para conocer su cotidianidad desde dentro al ser una persona de Occidente?
No, a ese nivel no. Considero que el recelo de África hacia Occidente opera hacia otros niveles más institucionales, corporativos, más de discurso oficial. Las culturas árabes son famosas y son conocidas por su hospitalidad, por su gran acogida a aquel que lo necesita. Nosotros hoy en día no somos así, no acogemos a nadie ni le damos un plato de comida sin conocerlos. La verdad que yo nunca he tenido ningún problema para conectar con personas de otras culturas. Todo lo que he encontrado ha sido intercambio, enriquecimiento cultural y alegría. Mucha gente se pregunta cómo pueden ser tan felices con lo pobres que son y es ese el primer aprendizaje que te traes de allí.

¿Cuál es tu visión acerca frente a tradiciones como la ablación?
Lo veo muy mal. Yo misma he atravesado bastantes crisis de carácter personal con cómo yo me posicionaba con temas de género y feminismo. Existía ese debate interno de si hemos de dejar a las sociedades que vivan a su libre albedrío o hay temas por los que no se puede hacer la vista gorda. Para mí, nada es lícito, ni legal. Es una auténtica humillación para la mujer y es intolerante. Desposeer a la mujer de una fuente de placer tan vital como es la que recibe a través del sexo, ¿qué mayor humillación puede haber? Estoy radicalmente en contra a todos los niveles, tanto humano, como sanitario. NO en mayúsculas, sin ningún tipo de contemplación. Pero esta realidad patriarcal machista la tenemos en Europa también, por lejano que nos parezca. No nos hemos desecho del hecho de diferenciar a hombres de mujeres, porque durante siglos y siglos el hombre ha estado en el centro de la sociedad y todo ha girado en torno a él. ¿Cómo los hombres van a querer deshacerse de esos privilegios? Pero no deja de ser una injusticia.

Has comentado que fue un poco espontáneo hacer este tipo de fotografías exaltando la figura de la mujer, pero, ¿en tus viajes e investigaciones te has topado con mujeres que luchan por ser reconocidas en la sociedad?.
Tengo un documental que te responderá muy bien a la pregunta, titulado ‘Alas sobre Jartum’. Es la historia de cuatro hermanas sudanesas que, por la situación de inestabilidad política que ha vivido Sudán en las últimas décadas entre norte y sur, tuvieron que separarse. Una de ellas se fue a vivir a Estados Unidos, dos a España y otra a Sudán. Cada una de ellas es una familia de artista y un documental en sí. La que vive en Sudán es profesora universitaria y desde allí lucha cada día para que valoren el papel de la mujer dentro de una sociedad que se ha calificado a sí misma como islamista. La cantante no pudo soportar la presión que su familia le ejercía para ponerse el velo y tuvo que marcharse. La actriz que vive en Estados Unidos hizo una obra de teatro que criticaba al gobierno, la amenazaron y tuvo que huir del país. La otra hermana ha hecho una tesis doctoral en Granada y en la actualidad vive en Cuba trabajando en una embajada. Estas mujeres son un monumento. Cada una de ellas, desde el sitio que haya sido, han sido mujeres luchadoras, empezando por enfrentarse con sus propias familias.

¿Qué te gustaría que se llevasen puesto en la mochila quiénes visitasen la exposición?
La inspiración, las ganas y el deseo de conocer África. Dar ese primer paso de ¿qué hago yo allí? o por qué ese destino. Es muy bonito poder inspirar a las jóvenes generaciones para que apuesten por un camino, por una especialización. Puede ser África, Asia, o cualquier otro lugar, pero con los años empiezas a recoger frutos y eres consciente del trabajo realizado. Que esas fotografías puedan inspirar a alguien a elegir su camino sería algo maravilloso. Ya sabes lo que dicen, una imagen vale más que mil palabras.

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Lidia Peralta es directora de numerosos documentales que nos cuentan historias de África. Entre ellos ‘La Caravana del manuscrito andalusí’ (2007) en el que se narra la historia de Ismael y el viaje de algunos de los libros que se realizaron en Al-Andalus y que fueron sacados de la Península para evitar destrucción.
Entre sus últimos trabajos encontramos el documental “Una casa para Bernarda Alba” (2011). La maravillosa historia de ocho mujeres gitanas que preparan la obra de teatro de García Lorca mientras nos acerca a la realidad de los barrios chabolistas sevillanos. Este documental obtuvo el Festival internacional de documentales “Santiago Álvarez in Memoriam” (Cuba, 2011) y el Premio Andalucía de Periodismo (2013) en el apartado de televisión.

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