Vidas Cruzadas: de Chejov a Torres Naharro

Espero que me perdonen las musas del teatro y que también lo hagan María Beato y Silvia Acosta. También ruego a Juan Meseguer y Carlos Tapia que no me condenen por mis palabras. A los lectores despistados, diré que todo es comedia imaginada o tragedia soñada. Más por ansia de ver todo el teatro posible que por maldad. El caso es que gracias a la amplia y variada programación que se puede disfrutar estos días en la 21 Semana de Teatro de Castilla y León en Ciudad Rodrigo, anda mi memoria confundiéndose y mis cuadernos llenos de renglones torcidos escritos en la oscuridad de la platea. También aviso de que muchas palabras ya fueron escritas por otros. Han sido apropiadas y mezcladas como debe hacer todo buen escritor falsario. Allá vamos.

Dos personajes, cuatro actores. En el escenario Juan Meseguer, fuera Carlos Tapia. Fuera María Beato, dentro Silvia Acosta. Dos textos teatrales que se funden en uno solo en la mente del único espectador posible, uno mismo.

Viven en el escenario y no son los mejores actores del mundo. Tampoco los peores, y eso a veces se convierte en una bomba de tiempo. Matrimonios, adulterios, muertes, enredos, mentiras y locuras se introducen en su cuerpo en cada ficción. Al acabar la función deben hacerse cargo de sus vidas siempre pensando en volver a esos breves episodios donde la vida transcurre dentro del guión. Fuera lo inesperado, lo imprevisto, el tiempo que pasa. Dentro el tiempo suspendido. Robert Altman dejó dicho algo parecido a que escribir y dirigir constituyen, ambos, actos de descubrimiento. Y al final, la obra película (o la función en este caso) está ahí y las historias están ahí, y uno tiene la esperanza de que la mutua influencia no sea mortal. Algo ha ocurrido con estas palabras y quizá nunca fueran dichas así.

Todo comienza en uno de esos numerosos momentos en que Juan Meseguer deja de ser el Rey Bermudo en la Comedia Aquilana de Torres Naharro y se convierte en observador sentado en un banco de madera. A su lado, en muchas ocasiones, está tambíen Silvia Acosta. En un momento fugaz, uno de ellos, o quizá otro, o quizá fue sólo imaginario, mira al público como tratando de comprobar si todo va bien. Justo en ese momento Juan Meseguer se despertó y se encontró sobre el banco transformado en Carlos Tapia, miró a su lado y comprobó que, como era de prever, Silvia Acosta/Felicita se había transformado en María Beato/Nina. Bajo su capa ya no viste de negro, sino de un blanco del papel todavía por escribir. El escenario desaparece, las luces todavía no se habían encendido y el público aún no sabía que existiría una función de un dramaturgo casi olvidado del siglo XVI llamado Bartolomé de Torres Naharro. Es más, en ese momento ni siquiera ellos eran conscientes de que en uno de tantos futuros posibles eso pudiera ocurrir.

Carlos Tapia temía despertarse una mañana después de cualquier función, encontrándose en su cama convertido en Chejov. Ese día comenzaría a hacerse preguntas y todos los miedos del tiempo se apoderarían de su alma hasta desgarrarle por dentro. Ese mismo día se preguntará si el camino elegido era el que soñó. Será consciente de que los artistas son también público. Como en un puzzle en el que tienes la certeza de que te faltarán piezas, verá sentada a su lado a la María Beato personaje deseando ser Nina/Felicita, tratando de completar su propia metamorfosis.

“¿Estás dispuesta a todo por la fama y el éxito?, pregunta un obsesivo Carlos Tapia a la joven actriz. Sólo tengo miedo a no conseguir nada, mirar atrás y sentirme hueca, le responde una María Beato enfundada en el traje blanco de una gaviota aún no vivida. “¿Estás dispuesta a dejar que la fama juegue contigo?”, vuelve a insistir. “Apenas queda tiempo. Nunca hay tiempo. ¿Hasta dónde llegan tus sueños de llegar a ser actriz? Un día volverás la vista atrás, como yo lo hago tras cada función y te preguntarás si llegaste a ser la artista que querías ser, y te sentirás expuesta y vulnerable sobre el escenario”. Ella entonces despliega los brazos y le dice, “Sigue contándome ¿cómo es la vida del actor que cada día recibe los halagos y aplausos del público?”. “Aprenderás a superarlo y a seguir. Con el corazón roto, cierto. Pero incluso así”.

Los focos se volverán a encender en algún momento y el guión volverá de nuevo a comenzar. Ten cuidado con lo que pidas. De nuevo sobre el escenario y hasta el final no sabrás si hoy representas a Felicita o a Julieta. La muerte será la que decida entre la comedia y la tragedia. Silvia Acosta volverá a ser Felicita y Juan Meseguer volverá a vestir las ropas del rey Bermudo. Volverá a sonar la música y el teatro volverá a ser teatro. Así un día tras otro, hasta que en una función cualquiera, en una réplica cualquiera, dejes de ser Felicita para convertirte en Julieta. Ese día serán los últimos aplausos.

Aquí no hay Stanislavsky ni Turguénev que valgan. Cronos ha de devorar de nuevo a sus hijos, como en todas las funciones, como en todas las vidas. Chejov no es Torres Naharro, pero el público parece el mismo, todos con sus cordoncitos negros. Siempre parece el mismo público. Ajeno al terror existencial que se produce en el ser humano. Miedo del que no sabe si llegará mezclado con el miedo del que no sabe si sirvió de algo llegar. Miedos siempre miedos. Andamos por la vida rodeados de miedos propios y ajenos. Risas de comedia con un final feliz que se repite una y otra vez hasta que se convierte en pesadilla. No importa. Vinimos aquí a hacer teatro y tanto da si a estas alturas ya confundimos las obras. Todas las obras son parte de la misma, esa misma gran obra que un día Borges soñó encontrar en su biblioteca. Definitivamente, me estoy volviendo Chejov.

Este texto está inspirado con todo el respeto y cariño en las representaciones de la Comedia Aquilana, de Torres Naharro (Nao D’Amores y CNTC) y Te estás volviendo Chejov, de Proyecto TÁ-17, ambas dentro de la 21 Feria de Teatro de Castilla y León celebrada en Ciudad Rodrigo (Salamanca) en 2018. Este mismo año se cumplen veinticinco de Short Cuts de Robert Altman, cuyo guión está inspirado en varias historias cortas de Raymond Carver y en su poema “Limonada” que termina con “Pero la muerte es para los mejores. Y recuerda cuando la vida era dulce y ya no puede encarar dulcemente lo que le queda de vida.”

Si quieres saber algo sobre la Comedia Aquilana de Torres Naharro, Aurora Intxausti en El País, Manuel Hidalgo en El Mundo o Julio Bravo en el ABC lo han contado perfectamente. Sobre Me estoy volviendo Chejov de la Compañía TÁ-17 puedes también puedes encontrar en su página oficial y una interesante entrevista con Carlos Tapia realizada por Tam Tam Press.

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